Perú 5 de junio: el triunfo electoral de Ollanta Humala



José Ramos B.

José Ramos Bosmediano
Educador, ex Secretario General del SUTEP
Miembro de la Red social para la Escuela Pública en las Américas (Red SEPA, Canadá)

El Perú amaneció el día 6 de junio de este año 2011 con un nuevo presidente de la República, electo el día de ayer 5 de junio, con la participación de casi 20 millones de electores. El nuevo presidente que empezará a gobernar el país a partir del 28 de julio próximo es el Comandante (retirado) del Ejército Ollanta Humala Tasso, nacido en una de las provincias de la Región Ayacucho, en plena sierra sur del Perú y que forma parte de la denominada “Mancha India” o “Trapecio Andino”, lugar donde se dio la última batalla por la primera independencia del Perú, el 9 de diciembre de 1824 bajo la conducción del Libertador Simón Bolívar y su más cercano mando militar el Mariscal Antonio José de Sucre: la “Batalla de Ayacucho”, como es denominada por la historiografía académica y escolar, en las Pampas de la Quinua. Es también la región donde desató la insurgencia armada el grupo Sendero Luminoso, cuya estrategia predominantemente terrorista llevó a la desorganización de las masas campesinas y obreras del país. Pero es también una de las regiones donde la pobreza es el signo de la vida cotidiana de la mayoría de la población. No se puede olvidar que Ayacucho fue el centro de uno de los imperios más florecientes del Perú prehispánico, el gran Imperio Wari, que precedió al Imperio Inca.

El Comandante

El comandante Ollanta Humala, como se le llama, está demostrando que no fue un militar más, sino un hombre que ha estudiado el arte de la guerra, la estrategia y las tácticas necesarias para llegar al objetivo.  En el tiempo de su permanencia en Europa como agregado militar, se dio tiempo para asistir a La Sorbona, en París, y estudiar ciencias políticas.  Se preocupó por el destino del Perú durante el gobierno del ex dictador Alberto Fujimori e intentó traerlo abajo mediante una insurrección.   Su hermano, el Mayor Antauro Humala Tasso,  se encuentra hoy en la cárcel por haber encabezado un movimiento insurreccional en la aislada provincia de Andahuaylas de la Región Apúrímac.  Al Comandante se le acusó de haber apoyado este movimiento, lo que es cierto en el primer momento,  hasta que el movimiento  se desbordó y produjo muertes innecesarias de policías y civiles, originando su deslinde y alejamiento.

El nuevo Presidente es, pues, un peruano comprometido con los destinos del Perú y no un advenedizo que pretende el poder para defender sus negocios o los negocios de los grandes empresarios.  Hasta donde se sabe, Humala Tasso no tiene negocios, no es empresario ni ha estado inmerso en hechos de corrupción como lo estuvo un grupo  importante de militares comprometidos con el gobierno corrupto de Alberto Fujimori.

Ollanta Humala fundó un partido político, el Partido Nacionalista Peruano, para participar en las elecciones del 2006, en las cuales debió participar con otra denominación porque no logró inscribir su organización.  Inscrita posteriormente, tuvo  que cambiar de nombre por el de  “Gana Perú”, con el cual ha triunfado finalmente.

El programa original de Gana Perú es, en realidad, un proyecto socialdemócrata de enfrentamiento al neoliberalismo, en cuanto busca nacionalizar la economía estratégica entregada a las transnacionales desde la década del 90; aplicar una mayor tributación a las ganancias que generan las explotaciones mineras; nacionalizar la explotación del gas y del petróleo; devolver a los trabajadores sus derechos laborales; potenciar la educación y la salud públicas, privatizadas también en gran parte; organizar también un sistema publico de seguridad social, privatizada coactivamente por los neoliberales de ayer y de hoy.  Este programa debió de ser adecuad, como necesarias concesiones, a los nuevos aliados políticos para la segunda vuelta, especialmente a quienes, como el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, defienden la economía de libre mercado.  Lo único que ha quedado del programa original es el enunciado general de “mantener el crecimiento económico pero con inclusión social” para disminuir las desigualdades sociales, que son profundas en el Perú.  Con el programa original, hay, qué duda cabe, un acercamiento con las políticas económicas del Presidente venezolano Hugo Chávez y del boliviano Evo Morales, relación aprovechada por la derecha neoliberal más extrema para satanizar a Planta Humala y motejarlo de “anacrónico” y “chavista”.

Los factores del triunfo electoral de Planta Humala

Son unánimes los pronunciamientos, declaraciones y entrevistas que señalan el triunfo de Ollanta Humala como sinónimo de triunfo de la democracia, de la dignidad y del Perú.  En gran parte, es cierto si hacemos las siguientes comparaciones:  a) se ha derrotado al intento de devolver el gobierno a la dictadura fujimorista de los 90 del siglo XX, con los mismos protagonistas, incluidos el padre de la candidata Keiko Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos, más un conjunto de grandes empresarios beneficiados con el programa neoliberal, entre ellos, el señor Pedro Pablo Kuczynski, pero que no es un seguro triunfo de una democracia diferente a la que viene imperando en el Perú, si es  que no se producen cambios importantes en lo económico y lo social: b) es evidente que ha triunfado la decencia política, el asco frente a la podredumbre que significó el gobierno de Alberto Fujimori, en el cual la hija candidata jugó un papel importante como “primera dama” desde los inicios de la dictadura hasta el último segundo de su gobierno, cuando el padre tuvo que huir al Japón, su patria de nacimiento, actitud de dignidad que llevó al propio Mario Vargas Llosa a trazar la línea divisoria entre la decencia y la corrupción; c) y claro que el Perú ha salido con una mejor posibilidad de enfrentar la crisis social desde la perspectiva y los intereses de esas mayorías que exigen un cambio fundamental hacia la construcción de una sociedad justa.

El sentimiento nacional en torno a estos tres elementos ha producido un movimiento de masas, de colectividades y de personalidades que dieron fuerza a la candidatura de Ollanta Humala, bastante arrinconada al principio por muchos medios de comunicación controlados por los neoliberales, por los grandes empresarios que, incluso, regalaron dinero a muchos de los candidatos fujimoristas y de otros partidos afines, como el propio gobierno aprista que dedicaba declaraciones en contra del candidato nacionalista y a favor de Keiko Fujimori.  Este sentimiento democrático y patriótico creció en las últimas semanas y en los últimos días, generando en las filas neoliberales fujimoristas no sólo desesperación, sino actitudes tan torpes que les obligaba a cambiar de voceros casi todos los días.  Ya escribiremos sobre los protagonistas fujimoristas en esta dura campaña electoral.  Hoy nos parece importante señalar los factores que han decidido el triunfo de Ollanta Humala.

En primer lugar, aun con los cambios realizados en el programa para los efectos de un gobierno de concertación nacional, la actitud permanente del candidato Humala y de su equipo principal, de aferrarse a la necesidad del cambio frente al modelo neoliberal, lo que coincidía, y coincide, con el sentimiento de la mayoría de los peruanos que sufren los estragos del neoliberalismo, aunque los gobernantes actuales y los grandes empresarios sigan ponderando el crecimiento económico debido, principalmente, a la explotación de los recursos mineros y de hidrocarburos, en el marco de una economía extractivo-primaria-exportadora.

En segundo lugar, la convocatoria a la unidad de los más amplios sectores democráticos y progresistas, incluidos grupos y fuerzas de izquierda, dejando a la contendora fujimorista en manos de una cuadrilla de “técnicos” neoliberales al servicio de los intereses de las transnacionales, más algunos vulgares operadores de la dictadura de la mafia, muchos de ellos sentenciados por corruptos.  Es así que los economistas y cientistas sociales más importantes del Perú, los intelectuales, literatos, historiadores y artistas se unieron a la campaña del nacionalismo.  Fue la cultura viviente del Perú, con algunas excepciones de pacatería intelectual, la que se puso al lado del movimiento de defensa de la dignidad del país, como expresión de reserva moral e intelectual.

En tercer lugar, la clase trabajadora en su conjunto, maestros, médicos, obreros de la construcción civil, trabajadores no organizados y sometidos a las abusivas relaciones laborales que impone el neoliberalismo, desocupados de las ciudades del Perú, campesinos empobrecidos y asalariados en las peores condiciones laborales en las plantaciones para la agroindustria y la agroexportación.  Todo este universo de gente oprimida y explotada se dio tiempo para luchar por una candidatura diferente a la del neoliberalismo y su exponente Keiko Fujimori Higushi.

En cuarto lugar, la juventud peruana democrática, estudiantil y trabajadora, organizada en la capital Lima y en las provincias para la propaganda diaria y nocturna, las marchas y los mítines.  Aquí radica la diferencia con cierta juventud de los barrios de la gente rica de Lima que se unió a la candidatura del peruano-norteamericano Pedro Pablo Kuczynski, con evidente identificación de clase y de “raza”, utilizando los medios virtuales para insultar racistamente a Ollanta Humala y a Alejandro Toledo.

En quinto lugar, los colectivos de mujeres en defensa de la dignidad de la mujer peruana frente a la manipulación que realizó el fujimorismo a través de donaciones a cambio del voto.  Los colectivos de mujeres se encargaron de demostrar el crimen de las esterilizaciones a mujeres pobres que hizo la dictadura de Alberto Fujimori durante la dictadura de los 90 del siglo XX, arrinconando definitivamente a los ex funcionarios de la salud comprometidos con esas prácticas criminales.

En sexto lugar, el papel digno de dos periódicos comprometidos con los destinos del Perú, sus periodistas y muchos de sus columnistas de opinión: La República y La Primera.  Los demás medios de información, escritos, radio y TV, con excepción de algunos medios de menor alcance, se entregaron de distintas formas,  a la campaña fujimorista.

En sétimo lugar, algunas personalidades políticas e intelectuales que se convirtieron en portadores de una conciencia cívica que, con toda seguridad, convenció a muchos indecisos a votar por la dignidad y no por la corrupción, que fue el discurso fundamental de estas personas: Mario Vargas Llosa, su hijo Álvaro Vargas Llosa, Alejandro Toledo, entre los más visibles.  Como ya señalé, Keiko Fujimori no pudo exhibir sino a vulgares vendedores de baratijas neoliberales.

Consideramos, en este grupo de factores, que el factor fundamental del triunfo nacionalista del 5 de junio fueron las masas movilizadas, entusiastas en su lucha por la dignidad y la justicia. Masivamente acudieron a las mesas de sufragio como personeros de Gana Perú para defender el voto por Ollanta Humala e impedir los operativos de fraude a los que están acostumbrados los fujimoristas y, desde luego, los apristas en el gobierno.  Y así como han luchado por esta victoria, lo seguirán haciendo para que sus anhelos y sus reivindicaciones no se queden en la mera promesa, promesa incumplida, sino en lo que el historiador Jorge Basadre denominó, como futuro digno del Perú, “la promesa de la vida peruana”, antecedida por la exigencia de “un Perú libre dentro de un mundo libre”, del organizador y conductor del proletariado peruano José Carlos Mariátegui.

Lima, junio 6 del 2011