EL DEBATE ELECTORAL: Los silencios de Keiko Fujimori


N.R.: Al final del artículo se ha colocado el vídeo 1/6 del Debate Presidencial de ayer, a través de este, pueden ingresar a los otros 5 vídeos que completa la hora y media de duracióm del evento. CAG

Por Jorge Rendón Vásquez
jrendon@amauta.rcp.net.pe

La impresión de los telespectadores sobre este debate (29/5/2011) se configura por su nivel cultural, grado de comprensión de las exposiciones, madurez intelectual y hábito de ver televisión, además de otros factores de menor incidencia. Para los espíritus livianos acostumbrados a las telenovelas vacuas, talkshows escandalosos, noticias escabrosas y chismes de la “alta” sociedad, si es que pudieron aguantar la hora y media del programa, es posible que los rasgos relevantes hayan sido la manera de vestirse de los candidatos, su sonrisa y ciertas frases que atrajeron su atención. En cambio para los espíritus analíticos, honestos y de buen nivel universitario, las exposiciones fueron altamente informativas de los proyectos de cada candidato y de su posibilidad de realización, una temática que resulta de la simbiosis de la economía, el derecho, la administración y otras ciencias, que no son poca cosa. Entre uno y otro grupo hay, claro, matices intermedios.

Los opinólogos mercenarios, convocados para el comentario del debate, valoraron más la impresión del primer grupo de televidentes. Para eso los habían contratado, como una fase del plan de la derecha para demoler a Ollanta Humala. Esa no fue, sin embargo, la impresión de muchos televidentes, de la mayor parte se diría, para quienes fue más importante el contenido de las intervenciones. Y en esto Ollanta Humala estuvo de lejos altamente convincente, con el aplomo natural dictado por su mensaje de cambio, es decir por lo que haría desde el Poder Ejecutivo.

En síntesis, lo que dijo fue que promoverá el crecimiento de la riqueza nacional con inclusión social, lo que significa que esa riqueza deberá ir también a los trabajadores que la producen, a los sectores de la población de menores ingresos y a los que nada tienen, para desterrar definitivamente el estado de necesidad y la pobreza. La economía social de mercado, puesto que de esto se trata, conlleva esa redistribución del ingreso nacional, que se traduce en un crecimiento del mercado o sea del poder de compra de todos, y no sólo de los ricos y sus auxiliares, como sucede ahora. Es insultante para las mayorías populares la multiplicación de edificios de departamentos al alcance sólo de quienes tienen los ciento cincuenta mil dólares o más que cuestan, el pantagruélico consumo de las clases ricas y medias en los restaurantes de lujo, los supermercados exclusivos para la gente de alto poder económico que reparten catálogos impresos en el papel más caro, el avisaje comercial en ciertos diarios de productos vedados, de hecho, para las clases pobres.

Redistribuir la riqueza implica trasladar una parte de los ingresos de los que más ganan a quienes la necesitan, por la vía del tributo, del combate contra la evasión fiscal y la corrupción, de una remuneración mínima más elevada, del aumento de las remuneraciones por negociación colectiva,  del pago puntual de las cotizaciones de seguridad social y de una pensión general solidaria.

Y en esto los silencios de Keiko Fujimori la perdieron.

Calló lo que hicieron su padre y ella en la década del noventa cuando gobernaron el país, la razón de ser de las esterilizaciones de más de trescientas mil mujeres, el burdo y gigantesco latrocinio de los caudales del Estado, el despojo de una gran parte del poder de compra de los trabajadores, reduciendo sus derechos sociales y remuneraciones con la “flexibilidad laboral”, y, sobre todo, la manera como financiaría las ofertas que hace alegremente en las urbanizaciones populares, repetidas en su intervención de ayer. Es evidente que cualquier promesa de dar ciertos bienes y servicios sin redistribuir la riqueza es una mentira.

Su silencio tiene una explicación: sería contraproducente que hable de afectar a los grupos más ricos del país que financian su campaña política. No pagan para eso. Pagan para asumir el gobierno con ella y, desde allí, dejar las cosas como están y ganar más.

Sería recomendable ver y escuchar de nuevo las intervenciones grabadas de los candidatos, ya que, como sucede en las clases y conferencias, al oyente o espectador no le es posible retener la primera vez toda la exposición ni su sentido, por más aguda que sea su atención, y, a veces, tampoco inferir lo que un candidato pretende hacer realmente de llegar al gobierno.