>GARCÍA Y LAS ELECCIONES


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13/01/2011
García sigue siendo, sin duda, el gran jugador de la política peruana en esta época de colapso de los partidos, pero no todos sus juegos le salen bien. De hecho, ha perdido varias de sus últimas apuestas. Apostó a Kouri en las elecciones municipales y su candidato se descarriló a mitad de camino. Apoyó entonces a Lourdes Flores para parar a Susana y fracasó. Uno de sus planes era bloquear la participación de Toledo en las elecciones del 2011 y no lo logró. Amagó entonces con una especie de acuerdo de sucesión con el hombre de la chakana y también falló. Su candidata favorita no da pie con bola y no despega. Su derrota está garantizada. Las dos cartas alternativas (Castañeda y Keiko Fujimori) a las que respalda no avanzan sino que tienden más bien a retroceder. El fracaso de García otra vez está cantado. 

La batalla más importante de García ha sido librada, sin embargo, contra Ollanta Humala durante cinco años de gobierno con el apoyo de los poderes fácticos y de la mayor parte de los medios. El éxito de la estrategia de satanización y de arrinconamiento del nacionalismo en el extremo izquierdo del espectro político ha sido parcial. Lo que más llama la atención no es, sin embargo, que Ollanta haya bajado temporalmente algunos puntos en sus aspiraciones de acceso al gobierno sino que haya sobrevivido al ataque feroz de García y sus socios. Más aún: Ollanta, utilizando el ataque despiadado del oficialismo, ha desplegado una guerra compleja de posiciones para mantener el apoyo de los sectores desheredados, intentar ganar a las clases medias empobrecidas y emergentes y convocar a los empresarios nacionales y se ha recolocado en el espectro político avanzando desde el nacionalismo de izquierda (sin abandonar este espacio) hacia el centro. Ha sido ayudado en este juego político por la estrategia autodestructiva de Fuerza Social.

Entre el Baguazo y los petro-audios naufragan la candidata de García, el vetado (por García y por Araoz) secretario general del Apra y el mismo viejo partido de Alfonso Ugarte. Pocas veces se ha visto en la historia política peruana un suicidio político colectivo como resultado de la defensa de los intereses particulares y de las ambiciones de cada actor individual dentro de un partido. Nadie gana. Todos pierden. Este fracaso anticipado (con el retiro de Araoz) puede llevar a García a reforzar su respaldo a Castañeda y a Keiko Fujimori. ¿Por qué García juega a dos cartas? Mi hipótesis es que el doble juego de García obedece a que ambos candidatos frenan el avance de Toledo, por la derecha, y el de Ollanta, por la izquierda, sus dos enemigos más temidos. Sus cartas no son, sin embargo, dos ases, sino los candidatos más sosos y fofos de la actual campaña electoral. El desinfle de Castañeda ayuda a Toledo y quizás a Kuczyinski y el desinfle de Fujimori favorece, sin duda, a Ollanta.

Las apuestas de García son las mismas de la ultraderecha. Sus fracasos son, por consiguiente, compartidos. Con esta serie de derrotas, García ha puesto en cuestión su autoproclamada capacidad para impedir el acceso al gobierno de los candidatos que no le gustan y que, sobre todo, disgustan a los banqueros y a las grandes corporaciones (si es que triunfara Ollanta). Sus amenazas de promover un golpe de estado si el candidato nacionalista fuera elegido también están condenadas al fracaso por razones nacionales e internacionales. Desde la perspectiva popular y democrática, las apuestas de García van por el lado malo de la historia. Sus fracasos, pequeños rasguños en su ego colosal, ayudan enormemente, sin embargo, al país, a los pobres y a las clases populares y medias. 

¿Por qué un político tan ducho como García comete tantos y tan grandes errores y fracasa?. Mi hipótesis es que su obsesión por el retorno en el 2016 lo lleva de la nariz al abismo. ¿Arrivederci García?, ¿arrivederci 2016?. Ojalá. 
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