>El Perro del Abuelo


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Nota de redacción:
¿De que amor al Perú pueden hablar los que hoy gobiernan?… Si tomaron por asalto la Dirección Nacional del APRA  para consolidar la entrega de la Amazonía a la voracidad de las petroleras, bajo la “asesoría” y en “sociedad” con el lobista del imperio PPK. 

Solo conociendo la inmensidad de los dominios entregados (de 7.1% en el 2003 han llegado hasta el momento al 41.2% del área total de nuestra amazonia y piensan irse entregando el 57%), puede comprenderse  la lucha desesperada y desigual de los nativos y pueblos originarios de la región. 

¿Donde está la voz de protesta de los congresistas Amazónicos?…  o es que la voluptuosidad de volverse “millonarios” traicionando al pueblo pesa más que la dignidad personal y el espíritu patriótico  y soberano que en cada peruano debe existir; y, con mayor razón en quienes como congresistas representan a los pueblos de la Amazonía…  la historia no olvidará el triste papel cumplido por aquellos congresistas y este gobierno; en el caso de los congresistas,  Aurelio Pastor (de la Región San Martín), por ser el más entreguista.
Ver propuesta alnternativa en el artículo que sigue.



08/03.2010
Juergen Schuldt
Profesor de la Universidad del Pacifico 

A diferencia del perro del hortelano, ese que no come ni deja comer, el de mi abuelito come lo que pide, cuando lo pide y aunque no lo pida. Y, en efecto, en estos últimos años ‘Hidrocarburo’, así se llama el angelito engreído, ha comido hasta el hartazgo, bien acomodado en nuestra más fina alfombra, la joya de la casa.
Tanto así que, al 31 de diciembre del año pasado, ha logrado conseguir concesiones hidrocarburíferas que abarcan nada menos que 322.000 kilómetros cuadrados de la Amazonía peruana, que equivalen al 41,2% del área total, cuando en 2003 abarcaban apenas el 7,1%. Se trata de 52 concesiones de gas y petróleo activas, siete de las cuales están en fase de explotación y el resto en la de exploración. Actualmente se gestionan acuerdos técnicos de evaluación en 10 áreas adicionales, lo que llevaría el área total de concesiones o de contratos técnicos a 445.000 kms cuadrados, el 57% de nuestra Amazonía. Es decir, ya que el abuelo-gobierno ha sido tan cariñoso, ha logrado faenones impresionantes atrayendo a ‘Hidrocarburo’ y una infinidad adicional de esa misma raza, más conocida como IED.
Como ‘Hidrocarburo’ y sus similares pueden entrar donde quieran, cuando quieran y como quieran, han sabido bien aprovechar la bondad del abuelito para acomodarse en los lugares más delicados de nuestra casa amazónica con su invalorable diversidad biológica y cultural. En efecto, han tenido la osadía de hacer que esas concesiones cubran el 17% del sistema de áreas protegidas -de un total de 35- de nuestra rupa rupa y más de la mitad de todas lastierras tituladas de las comunidades indígenas a las que el gobierno había otorgado 1.232 títulos y que ahora vende o concesiona sin su consentimiento, por lo que no deben sorprender los repetidos conflictos. A nadie le llamaría la atención que pronto se abran a la exploración, tanto algunos de los trece parques nacionales y santuarios que deberían estar excluidos de la exploración y explotación, como las tierras de las cinco reservas territoriales para proteger a las etnias en aislamiento voluntario. 
Moraleja para la inversión foránea: Tengan la seguridad que en el Perú no hay perros del hortelano, como rumorean por ahí; los que abundan y tienen patente de corso son los que se parecen al de mi abuelo.
¿Qué hacer? Por lo pronto llevar a cabo un debate nacional en torno al impacto de ese efusivo extractivismo ejerce sobre los grupos humanos que pueblan la Amazonía y sobre sus derechos y los que tiene la propia Naturaleza. Y, en el muy corto plazo, iniciar una campaña –siguiendo el ejemplo del Yasuní ecuatoriano- para evitar la exploración del Lote 67, aledaño precisamente al anterior, que es una reserva natural. La propuesta del vecino -por su impacto en el medio ambiente y las etnias que lo habitan- consiste en dejar el petróleo bajo tierra, para lo que se pide apenas el 50% de lo que cobrarían por su explotación. Esa meta –unos US$ 400 millones anuales durante 15 años se alcanzaría con la venta de certificados de carbono y contribuciones de los países desarrollados, causantes de la debacle ambiental, a partir del correspondiente marco jurídíco global de corresponsabilidades comunes, pero diferenciadas.
FUENTE:
Matt Finer y Martí Orta-Martínez, “Segundo boom hidrocarburífero amenaza la Amazonía peruana”