>EN DEFENSA DE LA JUSTICIA SOCIAL


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Respondiendo al articulista y en defensa de la justicia social
Por: César Aching Guzmán

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Leí hace un momento un artículo, cuyo autor es Antonio Aponte, titulado “La economía de equivalencias que propone Heinz Dieterich es lo más reaccionario que se le puede ocurrir a un intelectual capitalista”. El autor de la nota, evidentemente no es un oligarca o un denominado reaccionario, sino un luchador social, por ello es que decidí aclarar algunas apreciaciones que a mi juicio son injustas y equivocadas en contra de Heinz Dieterich y Arno Peters.


Considero la obra de Dieterich y el aporte de Arno Peters “la economía de equivalencias”, base económica del Socialismo del Siglo XXI, como la mas importante contribución teórica; pues proporciona direccionalidad a los pobres del mundo en su lucha desigual contra la voracidad especulativa y expoliadora del imperialismo; p. ej., dice Dieterich que es necesario para los latinoamericanos recuperar soberanía sobre los recursos naturales como condición esencial para el desarrollo, es decir, fundamenta lo contario a la tan pregonada inversión extranjera, que solo nos ha traído depredación y pobreza.


Tocando el tema del mencionado artículo, no veo en que parte de la obra Dieterich denigra al Che, al contario el libro reivindica todos los aportes teóricos y las acciones revolucionarias, incluyendo la del Che. Precisamos ayudándonos con la obra: en el socialismo histórico so pretexto de encarnar los intereses del pueblo se erigieron “eternos dirigentes” que se apropiaron de la riqueza de todos sus ciudadanos y los distribuían por ellos; es decir en forma parecida a como lo hacen nuestros actuales políticos, con la diferencia que en las democracias formales, la mayoría de políticos con funciones de estado elegidos y/o designados actúan bajo dos objetivos satisfacer sus voluptuosidades de beneficio personal y complacer a los representantes de grandes empresas y corporaciones que son el verdadero poder económico y político.


En cuanto a la economía de equivalencias, que busca anteponer al libre juego de la llamada oferta y demanda la economía de valores, fundada en el valor del trabajo que implica un producto o servicio. Me parece lo más justo como un primer paso, a un modelo social más humano. Toda sociedad lo conforman individuos, que al agruparse constituyen familias y otras formas de organización llamadas asociaciones, entre muchas otras representaciones. Personalmente, veo que la economía de equivalencias premia el conocimiento; distinta al capitalismo que lo menosprecia y recompensa la usura, el egoísmo y la inescrupulosidad.


Resulta infundada, la preocupación del autor, de que la aplicación de una economía de equivalencias, elimina la captación de riqueza para fines sociales. La economía de equivalencias postula que toda persona o grupos de personas deben ser remunerados en función a su trabajo (intelectual y laboral) y no como sucede en el capitalismo en el que una pequeña elite de empresarios concentran para sí la riqueza de naciones enteras, pagando a sus trabajadores sueldos por debajo del valor real al esfuerzo desplegado para crear un bien o un servicio; o como sucedía en el socialismo histórico en que una elite de dirigentes disponía con entera libertad sin conocimiento de sus ciudadanos de la riqueza de todos.


Finalmente, los recursos para fines sociales, en una etapa transitoria, puede afrontarse con impuestos a los ingresos personales sobre bases imponibles razonables; igualmente por la misma vía deben provenir los recursos para la administración del Estado (infraestructura y servicios); pero lo harían directamente, millones de millones de ciudadanos como siempre debería haber sido; las personas individualmente son ciudadanos de plenos derechos y obligaciones, no requieren tutores para mantener sus hogares y tampoco para sostener sus naciones. Por naturaleza el hombre es un ser digno y como tal merece aprecio y respeto. Las naciones existen por el esfuerzo de sus ciudadanos, en diferente grado y medida, pero todos al fin; por ello, lo correcto es que todos sean recompensados y tributen equitativamente en función a las necesidades sociales.


En una sociedad de plena de justicia social, carecen de sentido los llamados programas sociales, que agreden la dignidad de las personas; un sistema social con un modelo económico de equivalencias, supone dar a todos los ciudadanos –sin excepción- trabajos dignos, pues recompensa el conocimiento y el desarrollo personal; a diferencia del capitalismo, la economía de equivalencia abre oportunidades para todos, en condiciones de equidad.

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